El análisis de ADN de los restos de un hombre egipcio de 4.500 años de antigüedad revela que el 20% de su ADN se originó en Mesopotamia, proporcionando la primera evidencia biológica de una migración significativa e intercambio cultural entre las dos civilizaciones antiguas. Este descubrimiento apoya las teorías que sugieren que el auge de la civilización egipcia estuvo influenciado por los avances mesopotámicos en agricultura y escritura. La investigación, publicada en Nature, utiliza los restos óseos del hombre para pintar un cuadro de su vida y ofrece una nueva perspectiva sobre la historia antigua, yendo más allá de los relatos de la élite.
Prepared by Olivia Bennett and reviewed by editorial team.
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