Ahn Hak-sop, un prisionero de guerra norcoreano de 95 años, intentó regresar al Norte para morir. Después de décadas en Corea del Sur, sintió que no pertenecía y deseaba ser enterrado en su tierra natal. A pesar de su salud deteriorada y de que lo rechazaron en la frontera, viajó lo más cerca posible, llevando una bandera norcoreana. Su inquebrantable creencia en la propaganda norcoreana, alimentada por sus experiencias durante la Guerra de Corea y la ocupación japonesa, moldeó su vida y este acto final. Consideraba la alianza de Corea del Sur con Estados Unidos como una continuación del dominio colonial, que impedía la reunificación.
Prepared by Rachel Morgan and reviewed by editorial team.
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