Una nueva investigación que reanaliza un fósil de Mirasaura grauvogeli de 247 millones de años revela que sus estructuras únicas en la espalda no eran plumas, sino un distintivo abanico de piel corrugada probablemente utilizado para la comunicación. Este descubrimiento, publicado en Nature, desafía las suposiciones previas y destaca la diversidad inesperada de la piel de los reptiles. El estudio también vincula a Mirasaura y a su pariente Longisquama con la familia de los drepanosaurios, un grupo de reptiles arborícolas con características inusuales. Esta reevaluación, utilizando tecnología avanzada, subraya la comprensión en evolución de las criaturas prehistóricas.
Prepared by Olivia Bennett and reviewed by editorial team.
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