Aproximadamente 12.000 inmigrantes chinos en Taiwán enfrentan un plazo límite del 30 de junio para demostrar que han renunciado a su registro de hogar chino; de lo contrario, podrían ser deportados. La política, implementada en medio de crecientes preocupaciones de seguridad nacional, ha generado controversia. Muchos inmigrantes, incluidos aquellos que llegaron cuando eran niños, luchan por cumplir con el requisito, citando obstáculos burocráticos y riesgos asociados con la interacción con las autoridades chinas. Si bien el gobierno afirma que la medida tiene como objetivo contrarrestar la influencia china, los críticos argumentan que es injusta, carece de transparencia y perjudica la imagen de Taiwán en materia de derechos humanos.
Prepared by Rachel Morgan and reviewed by editorial team.
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