La muerte de un papa inicia un proceso centenario. El camerlengo, actualmente el cardenal Kevin Farrell, certifica la muerte y administra la Santa Sede hasta que se elija un sucesor. El cuerpo permanece en capilla ardiente en la Basílica de San Pedro, seguido de un funeral y entierro dentro de cuatro a seis días. Un período de luto de nueve días precede a un cónclave de cardenales menores de 80 años, que eligen al nuevo papa. El proceso implica votaciones secretas, quemadas para señalar la elección con humo blanco o negro. Más de 130 cardenales son elegibles para votar.
Prepared by Emily Rhodes and reviewed by editorial team.
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