Tras la muerte del Papa Francisco, la Iglesia Católica iniciará el proceso de cónclave para elegir a su sucesor. Esto implica que cardenales menores de 80 años, recluidos en el Vaticano, votarán hasta que se alcance una mayoría de dos tercios. El resultado se señaliza con humo de la chimenea de la Capilla Sixtina: blanco para un nuevo papa, negro para seguir votando. El cónclave, una tradición centenaria, mantiene un estricto secreto, con los cardenales viviendo con sencillez y concentrándose únicamente en la elección. El proceso suele durar menos de cuatro días, culminando con el anuncio "¡Habemus Papam!"
Prepared by Emily Rhodes and reviewed by editorial team.
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