Investigadores canadienses descubrieron que los colchones infantiles contienen altos niveles de retardantes de llama tóxicos y ftalatos, relacionados con daño cerebral y cáncer. Estas sustancias químicas, detectadas en los dormitorios, tenían mayor concentración cerca de las camas. Un estudio de 16 colchones nuevos confirmó que eran la fuente principal. La vulnerabilidad de los niños se debe a sus cuerpos en desarrollo y a su mayor frecuencia respiratoria. Simular el sueño de un niño aumentó las emisiones químicas. Los investigadores instan a los fabricantes a utilizar materiales más seguros y piden regulaciones más estrictas, aconsejando a los padres que minimicen las toxinas en el entorno de sueño de sus hijos.
Prepared by Olivia Bennett and reviewed by editorial team.
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